Bueno, bueno, bueno, pues ya estamos aquí. Han pasado ya más de siete horas desde que hemos salido de casa, pero ya nos hemos aposentado y, a juzgar por el aspecto de la habitación, ya nos sentimos como en casa (amos, que no hemos tardado ni diez segundos en convertir una lujosa habitación doble en una leonera).
A decir verdad el viaje ha sido más bien normalito, si asesinatos ni zombies por el camino, para gran decepción de aquellos enamorados de la sangre y la destrucción... Sin embargo, más de uno estará de acuerdo conmigo en que a veces los aeropuertos y demás sitios de largas esperas en familia también pueden dar bastante miedo.
El avión se ha retrasado un poco (no esperaba menos), pero ha despegado, que es lo importante. Han sido dos apasionantes horas junto a mi hermanito en las que hemos descubierto cómo mi madre (que se sentaba justo detrás con mi papi) puede hablar con una completa desconocida desde lo terribles que son los retrasos de aviones hasta los ojos claros de mi hermano, pegando un repaso de por medio a toda la situación políltico-social del país (no preguntéis, no sabemos cómo lo han hecho, hemos pensado en llevarla a Cuarto Milenio).
La parte más apasionante ha venido cuando hemos descendido del avión. Creo que nunca me sentiré más identificada con Indiana Jones como
hoy: sube escaleras, rampas, 3km de senderismo aeroportuario, baja otra vez, gira a la derecha, sigue un poco, vuelve a girar y... ¡ya está! has encontrado las maletas.
Pero es que ahí no acaba todo. Hemos decidido tomar el tren para ir hasta Bruselas, y en el proceso hemos descubierto que hay máquinas para sacar los billetes, pero que no aceptan ni tarjetas ni efectivo (otro misterio más para Iker Jiménez). Por fin los hemos podido sacar en otras máquinas y tomar, no sin antes equivocarnos de andén, el dichoso tren hacia la Gare du Nord.
Una vez allí hemos descubierto que los belgas creen estrictamente necesario poner escaleras mecánicas de subida, pero que para bajar debe de bastar con dejarte caer por unas normales, maleta incluida.
Al salir hemos encontrado un precioso mapa gracias al cual mi señor padre y mi hermano han podido descifrar el camino hacia nuestro Santo Grial: el hotel. Ningún problema en recepción, nos han dado dos estupendas habitaciones dobles, nos hemos pegado una ducha y ahora nos vamos a hacer compañía a los Lunnis, que nos lo hemos ganado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario